domingo, 19 de junio de 2011

La fragilidad de la mixteca oaxaqueña, educación y migración

Breve bosquejo sobre la situación de la migración en la Sierra Mixteca en Oaxaca y las consecuencias educativas.
J. Fernando García Arellano


Albergue en Tejocotes,San Juan Mixtepec



Allá en la sierra Mixteca del lado de Oaxaca, uno se acostumbra a las tortillas de dimensiones indescriptibles, a los frijoles diarios y a la situación tensa que circunda un frágil tejido social indígena. La educación sigue siendo un reto, en la primaria los niños hablan mixteco porque sus profesores les entienden, cuando pasan a secundaria se les prohíbe hablar ese idioma, no todos los maestros comprenden y prefieren que hablen español, los obligan a olvidar un idioma que jamás van a dejar de usar. Con poco éxito intentan enseñarles inglés, aunque en unos años, la mayoría de los niños, egresados de la secundaria, harán un viaje con doble intención, por un lado se convertirán en hombrecitos al despedirse de su familia, por otro conocerán un nuevo lugar, los Estados Unidos.

No se van de viaje por placer como la mayoría de los burgueses, no buscan ir a Disney ni de compras a San Antonio. Después de aportar una cuantiosa suma y cruzar toda la República Mexicana, se enfrentan a una caminata de siete días por el desierto fronterizo. Todas las bendiciones maternas, el dinero que juntó la familia, nada parece ser suficiente para esta aventura tan desventurada; en casa esperan una llamada, ya para indicar que ha llegado con bien, ya para saber qué hacer para recoger el cadáver. El migrante ha llegado a Estados Unidos, busca a sus paisanos o familiares, encuentra un trabajo y se pierde en la búsqueda del sueño americano, convertido en pesadilla ante el desarraigo de la tradición. Aprende poco inglés, disfruta pocas cosas, el anhelo de volver se vuelve una ilusión que se desbarata en el sudor ante cada redada, rememora las fiestas de su pueblo, se encomienda a la Virgen y sigue trabajando. Su adolescencia se ha esfumado, ahora es hombre, ahora es mujer, poco queda de los libros y demasiado de la experiencia campesina.

En su tierra natal están las mujeres, se levantan temprano para hacer tortillas, algunos días de mercado salen de casa. Pocas mujeres estudian y de hombres la cifra es similar, “si no sirven para el campo, que se dediquen a estudiar”, ese es el pensamiento general. Fallar en el campo no es ningún honor, es vergonzoso, los que no pueden van a la escuela. Poco a poco la mentalidad va cambiando, conocí una familia con 6 hijos y un padre diabético, la señora trabaja incansablemente, todos sus niños van a la escuela, de mañana toman clases, de tarde ayudan en la casa, las mujeres cocinan, los muchachitos pastorean y cuidan la milpa.

En la mayoría de las comunidades de la Sierra Mixteca hay primaria, en pocas hay secundarias y en las cabeceras más grandes hay bachilleratos; los profesores son pocos y arrastran también un bajo nivel de aprendizaje. La opción de ser maestro resulta en una labor difícil, sufrida, arrastrada por un torbellino del abandono institucional e iniciativas de protesta del sindicato. Los estudiantes tienen aspiraciones migrantes, no quieren ser como su maestro, quieren ir al “otro lado”, forrarse de billetes, volver con una gran camioneta y sombrero tejano. El reto de la educación para los indígenas mixtecos deviene en aceptar los contenidos básicos propuestos por la SEP sin olvidar la milenaria tradición correspondiente, se necesitan nuevas estrategias para capturar a los estudiantes y fomentar vida académica cuyo culmen sea una licenciatura; para esto, lógicamente es menester proveer de suficientes plazas laborales, dignas.

1 comentario:

  1. ESTIMADO J. Fernando García Arellano
    TU ARTICULO DE LOS TEJOCOTES ESTA EXCELNTE.
    ENCONTRE LA TESIS DE TU HERMANO, Fredi Garcia Arellano.
    MI CORRRO ES: dagolopez@hotmail.com
    escribem para comentar mas de los Tejocotes.
    Dagoberto Lopez Martinez.

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